viernes, 16 de mayo de 2014

Música, emociones y neurociencia

Música, emociones y neurociencia

 

 

¿Qué dice la neurociencia sobre las emociones evocadas por la música? ¿Cómo el cine se aprovecha del poder de la música para dirigir a los espectadores?
Punset entrevista a Stefan Koelsch, prof. de psicología de la música, Freie Universität Berlin.
El cantante Manolo García nos explicará la unión que experimentan los músicos con su público en los recitales.
Somos criaturas musicales de forma innata
desde lo más profundo de nuestra naturaleza.

Stefan Koelsch
Eduard Punset:
El gran músico Stephan Koelsch, músico y psicólogo y el mejor neurólogo, es el que nos ha puesto de manifiesto que nada influye tanto, tiene un impacto tan trascendental sobre el cerebro, como la música.
Sabes, algunos de tus amigos me dicen que nada tiene más impacto sobre el cerebro que la música en el sentido de que afecta la memoria, incluso afecta el movimiento, las emociones, lo afecta prácticamente todo. Quiero decir, ¿la música es tan importante o crees que no hay para tanto?

Stefan Koelsch:
Creo que es muy importante y que, de hecho, se le podría dar la vuelta a la pregunta y plantearnos si hay alguna parte del cerebro que no se vea influida por la música. Así pues, ¿qué está ocurriendo en el cerebro de los que hacen música?
Mientras producen sonidos, los escuchan y los coordinan con sus propios movimientos y con su propia producción de sonidos, recuerdan lo que han producido antes, así como lo que producirán después. Quizás recuerden la canción, la letra… Se miran, se genera actividad emocional.
En general, cuando la gente compone música en común, se lo pasa bien, disfruta estando con los demás, disfruta comunicándose con los otros y todos esos procesos diferentes hacen que el cerebro humano se comprometa con toda su riqueza y colorido, por decirlo de alguna manera.

Eduard Punset:
Este mundo de la música parece tan dirigido por las emociones... Según parece, has llevado a cabo unos experimentos en Camerún.
Lo que intentaste demostrar en aquel experimento fue que la cultura, una cultura concreta, no afectó las emociones inspiradas por la música, es decir, juntaste un aborigen, un ingeniero muy sofisticado, procedentes de dos hemisferios del mundo totalmente distintos y, sin embargo, reaccionaron igual.

Las emociones y la música

Stefan Koelsch:
Fue un estudio sobre el reconocimiento de las emociones en la música. Uno de mis estudiantes de doctorado viajó al norte de Camerún e hizo una investigación con personas que nunca habían escuchado música occidental antes.
Estas personas fueron capaces de decir: “esta pieza suena bastante alegre, esta otra bastante triste y aquella bastante aterradora”. Suponemos que es porque en la tradición musical occidental la música triste imita la prosodia de una voz triste: tonos bajos que van disminuyendo el timbre, por ejemplo, un tempo que no sea rápido, sólo pequeñas variaciones de tono.
Parece ser que cuando se codifica en forma de música, aunque nunca hayamos escuchado dicha música antes, somos capaces de reconocer qué emoción expresa la pieza en cuestión. 

Eduard Punset:
Déjame que te haga otra pregunta. ¿Por qué cuando estoy triste y me siento solo –algo que me ocurre muy raramente, pero a veces puedo sentirme triste y solo– por qué la música me anima si es algo, sabes, movido, “pam pam pam pam”?
Y, en cambio, cuando estoy muy excitado, ¿por qué pasa al revés, la otra música me calma? Quiero decir, ¿cómo puede ser que la música te anime o, por el contrario, te tranquilice? No me parece demasiado lógico.

Stefan Koelsch:
Eso nos muestra que, en primer lugar, la música tiene esa capacidad de ayudarnos a cambiar nuestro estado de ánimo, si lo deseamos. Desde la neurociencia sabemos que la música es muy poderosa a la hora de activar cada una de nuestras estructuras emocionales en el cerebro.
Cuando llevamos a cabo experimentos neurocientíficos, vemos que podemos modular la actividad en prácticamente cualquier estructura cerebral emocional gracias a las emociones que despierta la música.


Esto significa que la música es capaz de evocar el núcleo mismo, el núcleo de las estructuras cerebrales responsables y creadoras de nuestro universo emocional, algo muy importante también para las terapias donde podemos intentar aplicar la música para ayudar a aquellos pacientes que padecen trastornos de sus estructuras cerebrales y que están relacionados con las emociones, que tienen algo que ver con las emociones, no sólo la depresión sino también el trastorno provocado por un estrés post-traumático, en parte también los trastornos por ansiedad, los individuos que han padecido traumas a causa de abusos u otras causas, por lo que tenemos un amplio horizonte a la hora de aplicar de forma más sistemática y generalizada la música como terapia.

Los niños autistas

Eduard Punset:
He leído algo en alguno de tus artículos sobre los niños autistas. Parece que escuchan o aprehenden la música igual que los niños no autistas. ¿Es posible? Quiero decir, ¿sienten la música del mismo modo? ¿No existe la diferencia que sí que encontramos en el caso del lenguaje o en su capacidad para empatizar con otros o…?


Stefan Koelsch:
De momento es muy difícil contestar a tu pregunta porque no tenemos suficientes estudios neurológicos sobre la relación entre niños autistas y la música.
Pero lo que sí sabemos es que los niños autistas sienten un gran interés por la música y son propensos a componer música con otros. En entornos terapéuticos también es cierto que resulta difícil comunicarse con ellos a través del lenguaje, en cambio, es más fácil hacerlo a través de la música.

Eduard Punset:
De la música.

Stefan Koelsch:
De hecho, algunos de nuestros estudios han probado que la música puede comunicar información, no es algo que simplemente crean los terapeutas de la música y que no tenga base científica.
También estamos determinando qué instrumentos musicales pueden fomentar la empatía y el reconocimiento de las emociones; es algo que estamos probando con niños autistas pero también dentro del currículum escolar de los niños en general porque es una forma divertida de experimentar las emociones, de aprender a reconocer las emociones y otras cosas, de encontrar nuevas formas de expresar las emociones, de ampliar el vocabulario referente a las emociones.

El elemento social de la música

Eduard Punset:
Lo realmente fascinante es esa cohesión social que tú señalas en la música, no es tanto una cuestión individual, como cree mucha gente, sino que el impacto es social y une a la gente. Es algo tremendamente social, ¿verdad?

Stefan Koelsch:
Sí, y no sólo es cierto sino que creo que es una de las cosas especiales que tiene la música, uno de los grandes poderes de la música. La música despierta en nosotros todas esas funciones sociales cuando la hacemos juntos.
Como humanos, somos una especie social y no podríamos haber sobrevivido a lo largo de la evolución sin cooperar ni comunicarnos, si no hubiésemos manifestado un comportamiento social con otros individuos.
Mientras hacemos música, volvemos a vivir todas esas experiencias y ponemos en marcha todas esas funciones sociales, es decir, averiguamos qué quiere el otro o qué intenta o qué desea o qué cree, sin que nos lo diga explícitamente.
Hay experiencias emocionales en las que después de hacer música juntos, todos nos sentimos felices mientras antes, en cambio, quizás estábamos enfadados.
Y el resultado de todo ello es esa especie de cohesión social, nos gustamos más que antes, estamos más unidos que antes, confiamos más los unos en los otros, pensamos que el otro nos ayudará cuando nos sintamos solos o tengamos un problema.

Eduard Punset:
¿Podríamos decir que si habláramos menos y escucháramos más música habría más altruismo en la sociedad?

Stefan Koelsch:
Creo que deberíamos hacer ambas cosas, si bien es cierto que existen algunas sociedades donde, si dos personas están enemistadas y acuden a los tribunales –no es un tribunal real porque no tienen la organización social que tenemos nosotros– se espera de ellos que canten, no pueden pelearse.
Bueno, pueden exponer el motivo del enfrentamiento pero tienen que cantar el motivo de la pelea.

Eduard Punset:
Así es, resulta increíble.

Stefan Koelsch:
Porque la gente no puede mentir con la misma facilidad cuando canta y se enfrentan unos a otros de una manera mucho más cooperativa, de un modo que tiene mucho más sentido que cuando simplemente nos gritamos.

¿Nacemos con la música?

Eduard Punset:
Esto me lleva a una pregunta muy importante para la que imagino que aún no tienes una respuesta definitiva. Me gustaría saber si se trata de una capacidad innata o si es algo que adquirimos, quiero decir, la capacidad de entender la música.
Hay un famoso experimento –algunos miembros de tu equipo participaron en él también– que muestra cómo bebés de sólo tres días pueden reaccionar a la música. Así que, realmente, si alguien que tiene sólo tres días puede reaccionar a la música probablemente estamos hablando de algo que es innato, ¿no?


Stefan Koelsch:
Estoy totalmente convencido de ello, sí. Somos de forma innata, desde lo más profundo de nuestra naturaleza, criaturas musicales, muy musicales, todos nosotros. Y hay una buena razón para ello: además de que nos permite desempeñar todas esas funciones sociales mientras hacemos música, también necesitamos esas capacidades para aprender a hablar.
Cuando nacemos, no sabemos qué significa “pechos”, “leche”, “beber” o “sorber”, pero aprendemos a hablar al escuchar los sonidos musicales del lenguaje y así es como los niños aprenden a hablar, escuchan la música del habla y al hacerlo también entienden el lenguaje. No es el único aspecto del lenguaje que…

Eduard Punset:
Que aprenden.

Stefan Koelsch:
Sí, no es el único aspecto del lenguaje que aprenden pero, evidentemente, es algo muy importante. Afortunadamente somos muy musicales porque sino nos costaría mucho aprender a hablar o aprender idiomas.

Eduard Punset:
Es gracioso porque lo que dices es que hay una especie de canción, una especie de forma musical de hablar con los bebés como lo hacen las cuidadoras: “ah, ah, ah, ah, ha, ha, ha”, ya sabes, en realidad no les hablas, más bien les cantas.
Y según parece, dices que esto es lo que entiende el bebé. Se ha demostrado que cuando las madres hacen “tanananananana” al hablar con sus hijos, esto es muy bueno.

Stefan Koelsch:
Bueno, está claro que para que nos entiendan es importante jugar con la entonación. No sólo los adultos se entienden mucho mejor cuando no hablan con una voz monocorde sino que le ponen una cierta entonación y ritmo.
En el caso de los niños, también es muy importante pues hay estudios que demuestran que si los padres no hablan con sus hijos jugando con la entonación los niños son mucho más susceptibles de padecer trastornos del habla y del lenguaje.

Eduard Punset:
Es increíble, ¿verdad? Es fantástico.

Stefan Koelsch:
Sabes, sólo con escucharte –“increíble”, “¿acaso no es fantástico?”, “increíble”, “¿acaso no es fantástico?”–, ya hay un cierto ritmo y, además, tienes una voz muy melódica, tu voz sube y baja, sabes, me muestras subiendo y bajando el tono, yendo más rápido y más despacio, dónde están los límites de las frases, dónde se acaba la frase, cómo te sientes, cuánto deseas que algo ocurra, qué deseas, cuáles son tus intenciones, y cosas semejantes.

Eduard Punset:
¿A quién se le ocurriría entonar una melodía para pedir una pizza en el restaurante? Hasta hace poco, creíamos que la música solo servía para transmitir emociones, pero Koelsch ha demostrado que también puede comunicar información semántica, como las palabras.
Si después de oír la frase "me gusta el café con azúcar" nos dan a elegir dos palabras ("leche" o "cortina"), siempre escogeremos "leche" porque tiene más coherencia semántica con la frase. Esa coherencia desata una reacción en el cerebro que se puede medir y que sucede también al escuchar música.
Por eso, después de escuchar el Terceto de cuerdas de Schönberg, todo el mundo elige la palabra "aguja". Resulta que Schönberg había dicho que esa música era una descripción de las punzadas que había sentido durante un infarto.

Stefan Koelsch:
A menudo, cuando hablamos de emociones utilizamos palabras para referirnos a algo que sentimos en nuestro cuerpo. Wittgenstein lo denominó “Empfindung” (“sensación”, en castellano).
Ahora bien, cuando utilizo una palabra para referirme a una sensación de mi cuerpo y tú utilizas la misma palabra, ¿cómo puedo estar seguro de que nos estamos refiriendo a lo mismo? Dado que no existe una correspondencia unívoca en el cerebro entre nuestras sensaciones, por un lado, y nuestros centros lingüísticos, por el otro, tiene que producirse una transformación de la información desde las sensaciones al…

Eduard Punset:
Lenguaje.

Stefan Koelsch:
Al código lingüístico.

Eduard Punset:
Y nunca se sabe…

Stefan Koelsch:
Y nunca se sabe. Pero, ¿y si utilizamos la música?, ¿y si utilizo la música para evocar algo en ti, sensaciones o “empfindung” que se parezcan a los “empfindung” y sensaciones que tengo en mi cuerpo?
A veces, la música puede hacerlo mejor. Con la música podemos comunicar esa información incluso sin que se vea distorsionada por las palabras.

Eduard Punset:
De hecho, a menudo le digo a la gente o les recuerdo que el lenguaje no es como ellos creen, algo para hacerse entender sino que es un instrumento maravilloso para confundir a los demás. Creo que en el caso de la música no se puede decir lo mismo, es más veraz.

O sea que, realmente, si niños que sufren autismo pueden comunicar con otros mediante la música de una manera que no lo pueden hacer con las palabras, si ellos pueden empatizar, ponerse en el lugar de los demás entonces, yo creo que no hay ninguna duda de que no tienen más que ganar con la música y no es seguro que siempre sea así con las palabras.

DESCUBREN LA PARTE DEL CEREBRO QUE NOS DEJA PARALIZADOS DE MIEDO







Ante una posible amenaza, lo primero que hacemos es quedarnos quietos y expectantes. Expresiones como “contener la respiración” o “quedarse paralizado por el miedo” hacen referencia a esa respuesta defensiva de inmovilidad, que es una constante con pocas variaciones en todas las especies de mamíferos, incluida la nuestra. Se caracteriza por el cese del movimiento voluntario y el incremento del tono muscular. El resultado una postura tensa, “congelada”.
Se sabe que esta ancestral respuesta ante las amenazas está mediada por la sustancia gris periacueductal (SGPA). Con este nombre se denomina a un conjunto de neuronas que rodean, a la altura del cerebro medio (mesencéfalo), la cavidad por donde circula el líquido cefalorraquídeo (el acueducto cerebral).

La sustancia gris periacueductal está implicada, además, en funciones como la modulación del dolor, la ansiedad y de la conducta reproductiva. Además de paralizarnos de miedo, también es capaz de elevar la tasa cardiaca y la presión sanguínea y poner en marcha la respuesta de lucha o huida.

Este grupo de neuronas que rodean al acueducto cerebral es una parte central del circuito cerebral encargado de poner en marcha las respuestas frente al miedo. Está conectado con la amígdala, una estructura fundamental en el procesamiento de las emociones, entre ellas el miedo. Ante un peligro inminente, como el ataque de un animal, la señal desde la amígdala llega a la SGPA y se inicia un comportamiento defensivo de lucha o huida.
Sin embargo, ante un peligro no tan inminente, como una amenaza, otra zona del anillo de Sustancia Gris Periacueductal, la ventrolateral, pone en marcha otro comportamiento, en este caso de inmovilidad.

HALLAZGO INESPERADO

Aunque se conocían las conexiones de la SGPA con la médula espinal, se desconocía exactamente cómo esta estructura orquestaba la respuesta que nos lleva a quedarnos paralizados por el miedo. Una reciente investigación de la Universidad de Bristol publicada en “Journal of Physiology”, ha dado con una cadena de conexiones neuronales que une esos circuitos de supervivencia centrales del miedo con el cerebelo, una estructura que se localiza en la base del cerebro y se encarga del control de los movimientos, entre otras funciones.

En concreto, los investigadores liderados por Richard Apps, han seguido “el hilo” desde la sustancia gris periacueductal de ratones hasta la pirámide del cerebelo, una estructura que, según este trabajo, se pone en marcha frente situaciones amenazantes naturales o bien aprendidas, como ocurre con la ansiedad.

Como novedad, el trabajo resalta que la pirámide del cerebelo actúa como un importante punto de convergencia para las diferentes redes de supervivencia con el fin de reaccionar ante una situación emocionalmente difícil, señalan los investigadores. Se trata de un punto clave dentro de la cadena que une la sustancia gris periacueductal con la médula espinal, la ruta responsable de que nuestro cuerpo se congele cuando experimentamos miedo.




APLICACIONES TERAPÉUTICAS

Entender cómo funcionan estas vías nerviosas del miedo, más allá de la mera curiosidad, es un paso fundamental para desarrollar tratamientos eficaces en trastornos como la ansiedad, los ataques de pánico y las fobias, explican los autores. “Nuestro trabajo muestra por primera vez que el cerebelo es un objetivo prometedor para desarrollar estrategias terapéuticas destinadas a corregir los estados emocionales alterados en el trastornos de pánico y las fobias”, resalta Bridget Lumb.


Además han descubierto que la SGPA es la responsable de la tensión muscular que acompaña a la sensación de sentirse paralizado por el miedo, y que tiene lugar por la activación de las neuronas motoras alfa, que inervan los músculos. Trabajos anteriores ya habían relacionado los comportamientos defensivos asociados al miedo con el cerebelo, en concreto con la zona media, donde se localiza la pirámide, que recibe las señales procedentes de la médula espinal. En particular la zona del vermis parecen jugar un importante papel en la consolidación de la memoria del miedo.




PILAR QUIJADA

Fuente: www.abc.es

Recuperación tras lesiones cerebrales






El cerebro se defiende con 'plasticidad' de las lesiones cerebrales

Este órgano tiene una gran capacidad de regeneración y recuperación tras lesiones traumáticas; transfiere funciones a otras áreas

 Después de perder una parte del cerebro, los pacientes pueden recuperar sus funciones (CNN).

En enero, una bala disparada a quemarropa atravesó su cerebro. Apenas la semana pasada, se le vio subiendo, aunque con esfuerzo, por las escaleras de un avión.
La congresista estadounidense Gabrielle Giffords tiene una notable recuperación después de una herida de bala en el cerebro, dicen los médicos. Su caso muestra la capacidad de éste para restaurar algunas funciones después de una lesión sustancial, un fenómeno conocido como plasticidad, que se apoya en técnicas de rehabilitación.
"Es todavía un concepto relativamente nuevo", dijo el Dr. Sanjay Gupta, neurocirujano y corresponsal médico en jefe de CNN. "Alguna vez se pensó que el cerebro era completamente inmutable" o incapaz de cambiar después de la infancia. 
"Todavía me sorprende de vez en cuando lo bien que la gente se recupera, y creo que simplemente hemos subestimado la capacidad de recuperación y regeneración del cerebro humano", dijo el Dr. Stephan Mayer, profesor de neurología y neurocirugía en la Universidad de Columbia, quien no atendió a Giffords.

Los científicos usan el término plasticidad generalmente para referirse a la capacidad del cerebro para cambiar. Ahora sabemos que es posible la formación de nuevas células cerebrales llamadas neuronas, incluso en la edad adulta.
Al estar en rehabilitación para volver a aprender las tareas básicas, un paciente de lesión traumática del cerebro puede ser capaz de formar nuevas conexiones cerebrales que le permiten moverse y hablar de nuevo. Cuán bien el paciente se recupere depende de la gravedad de los daños, pero se puede lograr un progreso sustancial en algunos casos, dicen los médicos.

Casi 80% de quienes sufren una lesión cerebral traumática reciben tratamiento y abandonan el servicio de urgencias, indican especialistas.
Históricamente, cuando la gente sufría lesiones graves en el cerebro y entraba en semi-coma o coma, moría antes de que que el cerebro se recuperara, porque no había mecanismos de soporte vital, explica Mayer.

En los años sesenta, los respiradores artificiales y la reanimación cardiopulmonar ayudaron a mantener a la gente viva por más tiempo después de una lesión cerebral, pero durante mucho tiempo, la mayoría de los médicos aún no creían que los pacientes pudieran recuperar muchas funciones, dijo.
¿Cómo funciona la plasticidad cerebral?
Aunque algunas partes del cerebro podrían estar dañadas, destruidas o incluso perdidas, las partes restantes pueden aprender cómo hacerse cargo de las funciones perdidas. Esto puede ser la manera en que alguien como Giffords puede recuperar su capacidad para realizar tareas básicas como caminar, aunque lentamente.
¿Cómo puede el cerebro hacer esto?
Resulta que las células cerebrales llamadas neuronas que están junto a las áreas del cerebro dañadas pueden reconectar las vías entre otras neuronas, formando nuevos circuitos que pueden re asumir algunas de las funciones que se habían perdido con el tejido destruido.

Cuanto menor sea la lesión, se espera una mejor recuperación de esta manera, dijo el Dr. Bradford Thompson, director de la División de Cuidados Neurocríticos en el Hospital de Rhode Island en Providence.

Por otra parte, las llamadas neuronas espejo, ubicadas en el lado opuesto del cerebro de la zona dañada, pueden participar en las funciones que la región lesionada solía tener, indicó.
Por ejemplo, una lesión en el hemisferio izquierdo del cerebro, que en el 95% de las personas controla la capacidad de comprender y generar el lenguaje, no significa necesariamente que el paciente no pueda mantener una conversación de nuevo. Eso se debe a que el lado derecho del cerebro puede asumir algunas funciones del lenguaje.
En los pacientes más jóvenes, el cerebro tiene mayor plasticidad y capacidad de recuperación de las funciones.
Por ejemplo, algunos niños con epilepsia severa no responden a la medicación y a veces deben someterse a un procedimiento llamado hemisferectomía funcional, en donde la parte dominante del cerebro es retirada.
Esto puede sonar drástico, pero en los niños de 5 años de edad, cuyos cerebros aún están creciendo activamente, la parte restante del cerebro puede reorganizarse para controlar algunas funciones que la parte faltante había gobernado, aunque probablemente el niño no será completamente regular a nivel neurológico, explica Gupta.

La otra cara de la plasticidad es la llamada poda. Las áreas cerebrales pueden marchitarse si no están siendo usadas. Por ejemplo, si no usas tu brazo derecho, la parte del cerebro que corresponde a su uso se deteriora, dijo Gupta. Es por eso que la rehabilitación para volver a aprender cómo mover las extremidades y hablar de nuevo es tan importante. 

Los médicos también solían creer que los daños en el lado izquierdo del cerebro siempre provocarían una menor calidad de la vida, y muchos cirujanos dejaban morir a los pacientes con daños o coágulos de sangre en el lado izquierdo, dijo Mayer.
Actualmente, se ha establecido que los pacientes reportan la misma calidad de vida en promedio, independientemente de si el daño fue en el hemisferio izquierdo o derecho del cerebro, dijo Mayer. El hemisferio derecho regula la emoción y la función visual-espacial, que es importante también, y no es necesariamente más o menos valioso que el lado izquierdo.

El objetivo de la rehabilitación es el de estimular el cerebro para volver a formar los circuitos perdidos. Con el fin de aprovechar la plasticidad del cerebro, el paciente debe ser colocado en un entorno en el que sea desafiado constantemente, dijo Mayer.
Por supuesto, eso no significa que el paciente volverá a ser exactamente igual que antes de la lesión cerebral. Mayer no ha tratado a Giffords, pero con base en lo que sabe de su caso y los casos similares al suyo, prevé que tenga dificultad para hablar y posiblemente un poco de debilidad en el lado derecho.
"Cuanto más mejoras en el período inmediato, más mejorarás en el largo plazo”, dijo Gupta.

En algunos casos, pocos años después de que un paciente comienza el proceso de recuperación de una lesión cerebral traumática, el paciente dice que la vida es realmente mejor que antes.
"Ciertos tipos de personas desarrollan una profunda apreciación por la vida que tal vez muchos de nosotros perdemos de vista a veces" dijo Mayer.


 Elizabeth Landau, periodista CNN

jueves, 15 de mayo de 2014

Señales y síntomas de la falta de oxígeno en el cerebro

Señales y síntomas de la falta de oxígeno al cerebro.



Señales y síntomas de la falta de oxígeno al cerebro
El cerebro es el órgano más importante en el cuerpo porque controla todas las funciones.

El cerebro es el órgano más importante en el cuerpo, porque controla todas sus funciones. El oxígeno es muy importante para el cerebro para poder usar la glucosa (azúcar) como combustible. Una falta de oxígeno evitará que el cerebro trabaje adecuadamente. Esto lleva a toda una serie de señales y de síntomas neurológicos y si el oxígeno se ausenta por unos cuantos minutos o más, puede provocar la muerte.

Cambios en el comportamiento

Una persona cuyo cerebro ha sido privado de oxígeno cambia su comportamiento. Esto se debe a que el cerebro controla su comportamiento, su pensamiento y otras funciones de su personalidad. Estos cambios se ven en personas que se han intoxicado con monóxido de carbono o algún químico que desequilibra el uso de oxígeno en el cerebro. Las modificaciones en su forma de ser incluyen actuación letárgica, pérdida de interés y no responder adecuadamente a un estímulo.

Pérdida de conciencia

Aún con un pequeño período de tiempo sin oxígeno puede apagarse el cerebro, convirtiéndose en una pérdida de conciencia. El monto exacto de tiempo varía de persona a persona, pero cualquiera que sea privado de oxígeno, se desmayará. Aún no habiendo muerte cerebral, una insuficiencia de oxígeno por unos cuantos minutos pueden poner a la persona en un coma permanente o en estado vegetativo persistente.

Pérdida de memoria

Una de las funciones cerebrales es hacer y almacenar recuerdos. Si la hipoxia o falta de oxígeno progresa, el cerebro no puede seguir creando memorias. Esta es la causa por la que algunas personas que se ahogan, que se intoxican con monóxido de carbono o que reciben un fuerte golpe en la cabeza no puedan recordar el accidente si acaso llegan a sobrevivir. Otra razón de la pérdida de memoria es la muerte del tejido cerebral que no recibe oxígeno por un largo período de tiempo (solo unos minutos para algunos). Conforme el tejido muere, los recuerdos almacenados en el cerebro se pierden permanentemente ya que el tejido cerebral no se puede regenerar.



EL SUEÑO MEJORA EL APRENDIZAJE

Los resultados de un nuevo estudio publicado recientemente en la revista Journal of Neuroscience muestran que el sueño puede mejorar el aprendizaje.


Los sujetos voluntarios del estudio aprendieron nuevas palabras por la noche y se evaluó su recuerdo inmediato antes de acostarse. Mientras dormían se registró su actividad cerebral. Por la mañana las pruebas llevadas a cabo mostraron que los participantes podían recordar y reconocer más palabras por la mañana que inmediatamente después de aprenderlas. Esa mejora no se observó en otro grupo de participantes que aprendieron las nuevas palabras sin dormir entre las dos pruebas.


Los datos sobre actividad cerebral recolectados de los voluntarios del grupo que durmió mostraron que el sueño profundo ayudaba a fortalecer el recuerdo de nuevas palabras. También se encontró que un tipo de actividad cerebral llamada husos de sueño desempeñaba un papel importante en la capacidad de recordar nuevas palabras. Cuantos más husos de sueño experimenta una persona durante el sueño, tendrá un mayor éxito recordando las nuevas palabras aprendidas.



Fuente:  www.neurologia.com 


EL RECHAZO AMOROSO PROVOCA LA MISMA ACTIVIDAD NEURONAL QUE LAS ADICCIONES

Cuando una persona es abandonada por la pareja a la que ama, en su cerebro se pone en marcha una actividad neuronal similar a la que producen las adicciones. Esto es lo que ha revelado un estudio realizado por investigadores estadounidenses con 15 personas enamoradas de sus parejas, que habían roto con ellas. Los científicos analizaron los cerebros de los despechados mientras éstos miraban fotos de sus ex, descubriendo así que el desamor activaba las regiones cerebrales relacionadas con el anhelo y las adicciones. Según los científicos, este descubrimiento sugiere que el romanticismo es una “adicción natural”, tanto si nos hace felices como si nos hace infelices.


Cuando una persona es abandonada por la pareja a la que ama, en su cerebro se pone en marcha una actividad neuronal similar a la que producen las adicciones.

Esto es lo que ha revelado un estudio realizado por investigadores delAlber Einstein College of Medicine de la Yeshiva University, de Estados Unidos, cuyos resultados han permitido relacionar los efectos en el cerebro de las rupturas de pareja con la actividad neuronal que posibilita la motivación, la recompensa o las adicciones.

Según publica el Albert Einstein College of Medicine en un comunicado, la directora del presente estudio es Lucy Brown, Ph.D., una profesora del Departamento de Neurología Saul R. Korey, de la Yeshiva University. Los resultados de su investigación han sido publicados recientemente en el Journal of Neurophysiology.

Pérdida y dolor

En esta publicación se explica que el rechazo en una relación romántica causa un profundo sentimiento de pérdida y dolor que puede llegar a afectar hasta tal punto que provoque una depresión clínica y, en casos extremos, incluso el suicidio o el homicidio.

Para identificar los sistemas neuronales relacionados con este estado natural de pérdida, los científicos utilizaron una tecnología conocida como exploración de resonancia magnética funcional (IRMf),  un procedimiento que permite mostrar en imágenes las regiones cerebrales que ejecutan una tarea determinada.

Con este sistema, los científicos estudiaron los cerebros de un total de 10 mujeres y cinco hombres jóvenes que habían sido recientemente abandonados por sus parejas, pero que aún se sentían profundamente enamoradas y enamorados de ellas.

A los participantes les fueron presentadas fotos de las parejas que los rechazaron y, alternativamente, también fotos de familiares. Las reacciones de los voluntarios ante las fotos de sus antiguos amores fueron diversas: amor, desesperación, buenos y malos recuerdos, y deseo de saber porqué se acabó la relación, qué es lo que había ocurrido.

Entretanto, su actividad neuronal fue observada con la IRMf. Así, se pudo comprobar que, cuando los participantes veían fotografías de sus compañeros sentimentales, además de sus sentimientos, también se activaban distintas áreas del cerebro con funciones muy concretas

Áreas activadas

Esas áreas activadas fueron las siguientes: por un lado, el área ventral tegmental. Relacionada con el sistema límbico, esta región se encuentra en el tronco cerebral y consiste en vías de dopamina, que parecen ser centros del placer o de la felicidad.

Se sabe que esta área controla la motivación y la recompensa, y ya se sabía también que está implicada en los sentimientos de amor romántico, explican los investigadores.

Por otro lado, cuando los participantes miraban las fotos de sus parejas, se puso en marcha también la actividad neuronal en el llamado núcleo accumbens, que se piensa tiene un papel importante en la recompensa, la risa, el placer, la adicción y el miedo.

En tercer lugar, las neuronas se activaron en el área de la corteza lateral orbitofrontal/prefrontal. Tanto el núcleo accumbens como la corteza lateral han sido asociados con el anhelo y las adicciones, específicamente con la adicción a la cocaína.

Por último, al ver la foto de sus exparejas, la actividad neuronal de los participantes se vio incrementada en la corteza insular o ínsula y en la corteza cingulada anterior, relacionadas ambas con el dolor físico y con la angustia.

Adicción feliz e infeliz

Los investigadores señalan que los datos recopilados, sumados a otros datos recogidos en un estudio anterior, realizado en 2005 por científicos de diversas universidades de Estados Unidos con individuos que estaban viviendo relaciones amorosas felices, sugieren que la vía mesolímbica cerebral estaría implicada en la pasión romántica, independientemente de si el amor nos hace o no dichosos.

La vía mesolímbica es una de las vías dopaminérgicas en el cerebro (de generación de dopamina, la hormona del placer). Se sabe que esta vía está asociada con la modulación de las respuestas de la conducta frente a estímulos de gratificación emocional y motivación, es decir, que es el mecanismo cerebral que media la recompensa y que influye, por tanto, en las adicciones.

Por esta razón, afirman los investigadores, se entiende porqué el abandono de una pareja puede producir sentimientos tan angustiosos. Según Brown, “el amor romántico, tanto en circunstancias felices como en situaciones infelices, puede ser considerado una “adicción natural”, cuya ausencia produce dolor.

La científico añade que “los descubrimientos realizados sugieren que el sufrimiento por el rechazo amoroso podría ser una parte de la vida que la naturaleza ha integrado en nuestra anatomía”. Brown añade que, sin embargo, la recuperación de este dolor también sería “natural” y estaría igualmente integrada en nuestra fisiología para permitirnos formar nuevas parejas.



YAIZA MARTÍNEZ